Quizá este relato resulte irrelevante pero será la base para los posteriores. AI poco tiempo de estar en Cobas fui conociendo al grupo de chicos con los que entablé amistad, casi todos eran mayores que yo. Posiblemente quienes leéis estos relatos habréis conocido a alguno de ellos o a sus descendientes. Para identificarlos, con el mayor respeto, teniendo noticia de que alguno de ellos ya no está entre nosotros, citaré los que eran: José y Lolo hijos de José da Cidra y Cristina, Suso y Juan, hijos de Higinio Tembrás, Pancho de Marica, Minucho de Valexo, Tino de Rogelio, Eduardo, Lolo de Margarita y Pepe de Carmen Penelas (este último era el más joven del grupo). Para mayor claridad diré que al cabo de años Eduardo era el cartero, quedando luego con esta ocupación José, hermano de Lolo; con Pepe coincidí años más tarde y era el electricista local. Era curioso porque en la zona había muy pocas chicas y apenas tenían relación con ellas, tan solo de vecindad, eran otros tiempos. Las que conocí eran: Lita hija de Francisco y Angelita, Agustina Tembrás, Irene de Marica y la en otro relato mencionada Remedios hija de la costurera. Algo que me sorprendía era la agudeza de estos chicos y la capacidad en recursos personales ante cualquier situación y que yo no había observado en mis amigos de Ferrol; encontraban solución para todo y siempre salían airosos. No había juguetes, ni siquiera una pelota pero no hacía falta. Todos ellos disponían de una herramienta muy versátil que era la navaja. Con ella confeccionaban juguetes como pequeñas maquetas tallando cáscaras de pino o de madera blanda, construían trampas para cazar pájaros, hacían bastones de cañas conformando su raíz bulbosa, las piezas de la billarda, mangos de ganchos para coger pulpos y un sinfín de tareas difíciles de enumerar. Pero algo que sin duda yo admiraba era su solidaridad y su honestidad. Había tal avenencia entre todos que jamás presencié una disputa y mucho menos una pelea (daba la impresión de que esta palabra no figuraba en su léxico). A mí me aceptaron como uno más, si bien, tal vez los mayores algo distantes, me tomaban como al niño pequeño, pero yo estaba feliz con aquellos amigos.
miércoles, 9 de febrero de 2022
LA FELICIDAD DEPENDE DE TI
Nuestra vida está marcada por nuestros pensamientos y emociones. Pensamos en el pasado, en el presente y en el futuro.
Va contra nuestra salud mental prestar una atención obsesiva a pensamientos, hechos o errores negativos que erosionan nuestra autoestima.
Hay que sustituirlos y concentrarse en pensamientos, hechos y actuaciones positivas, que son más abundantes de lo que pensamos, y así mantener elevada nuestra autoestima, que es muy importante para ser feliz.
Tendemos a olvidar que la felicidad no viene como resultado de obtener algo que no tenemos, sino más bien de reconocer y apreciar lo que tenemos.
Ser feliz no significa que todo sea perfecto. Significa que has decidido ver más allá de las imperfecciones.
Los niños son felices porque no tienen un archivo en sus mentes llamado “todas las cosas que podrían salir mal".
La alegría de tu vida depende de la calidad de tus pensamientos, y
la felicidad, de nuestro estado mental, no de la cuenta corriente.
REFLEXIÓN...BENVIDO
Esperto cedo para ollar que di "Lorenzo" cando asome neste luns de zapateiros...
DROGAS NO
Salí una noche
a visitar nuevos amigos
esos que nunca se esconden
esos que no he conocido
amigos que te consuelan
cuando tú estás muy perdido
en noches muy oscuras
casi rozando el delirio
se esconden en tu mente
en el hueco de tus manos
es el amor enemigo
repudiando a los hermanos
te esperan en la esquina
de noche y de día
fantasmas que deambulan
para robarte la alegría
drogas no, y siempre no
no hay motivos ni razones
que te lleven a perder
lo mejor que tiene el hombre
¡vive libre tu vida!
¡no permitas más cadenas!
te encierran en su celda
y tu muerte será eterna.
Paki
Espiño,2022
O CORPO DO DELITO
O meu vesiño ( non vou especificar o motivo ) sempre me meteu moito respeto, pero sempre , sempre.
Pois ben.
Estaba eu no tendal da ventana aprobeitando un raiño de sol , e colgando con tropecentos prendedores cada peza de roupa, porque o de vivir nun piso é novo para min , acostumada a cen metros de hortiña onde tendía á placer , agora aquí o espacio é reducido e pende dun fío.
Pois ó coller un sujetador rosa fosfurito que ía camuflar tras unha toalla , este deslizouse da man e , a máis reflexos que lle puxen ,precipitouse o condenado en vuelo libre á rúa, pero ca puñetera sorte de enjanchar nunha esquina do tendal do antes mencionado veciño .
Alí quedaron lucindo aqueles capachos de broche da camisa dos domingos del.
Eu puxenme pálida sólo de pensar en irlle á porta a pedir o meu sostén e a miña mente buscou in situ un plan B convincente.
Agora poñedevos en situación: na fachada principal dun edificio por cuxa rúa pasan moitas persoas, para atender ós que xa marcharon , estou eu cun fío de tansa e un pequeno anzuelo que fun comprar a todo correr, facendo o propio das tómbolas, intentando pescar o premio gordo. O vento empezou a soplar e a facerme a puñeta e o invento tiraba na dirección contraria , cando nun momento no que se aliaron os astros ó meu favor, o anzuelo foi directo ós meus paracaídas fucsia pero non prendeu nel, que va!
Para o meu horror enjanchou na mismísima percha onde él tiña a súa camisa toda ben exposta , tirei do fío para arriba e a prenda masculina azul celeste ó subir desenjanchouse do meu broche decorativo que chegou ó chan nun pestañear e vinna correr a brincos rúa abaixo, axudada polo aire do nordés. Tirei da camisa con todas as ganas mentras sudaba como unha ladrona a punto de ser descuberta.
Co corpo do delito nás mans, baixei correndo polas escaleiras sejida polo meu can que ladraba tras de min coma as sirenas da policía, salimos á rúa, e antes que apareceran en escea dúas mulleres, que sempre que me pillan por banda fanme perder media hora mínima, collín o meu sujetador metinno dun penalti directo ó bolsillo do mandil, enjanchei ó meu peludo pouseino no brazo izquierdo e, cando me metía no portal , apareceu «él » todo de punta en blanco detrás de min e quedouseme mirando :mandil a cuadros, pelos enmarañados, bañada en sudor, roja como a grana a mascota nun brazo e enrollado coma un trapo no outro a súa camisa dominguera .
Devolvinlla cunha sonrisa de circunstancia e comenteille como de pasada que lle caera do tenderete, e que o vento lla arrastrara pola calle , él clavou os ollos en min , mirou para a prenda , alzou a vista á súa ventana volveu a vista á camisa e o seu dedo índice colou polo burato que fixo sen querer querendo o meu anzuelo, xa entraba eu no ascensor carraspeando , cando me dixo:
- Manuela , Manuela, non cambiaches a técnica, melloráchela.
E a porta do ascensor pechou.
Mentras escachei a rir de puros nervios !!!
Mano Figueira.
MULLERIÑA
A ti mulleriña, que sempre fuches unha recargadora de pilas, que loitaches por amor deixando de lado toda unha vida , perdendo na batalla raíces e ramas.
A ti que irradiabas felicidade , qué che fai hoxe tan opaca?
Qué pena verche tirar as armas e negarte a ti misma o dereito de escoller o camiño que mellor che conveña!.
Perdiches familia, aforros e anos de vida para qué?
Para ser agora un ser anodino de gris cenizo que está a sombra de un que non te chega ós dedos dos pes?
Daste xa por vencida?
Bailas ó seu son ?
Ese eche o premio futuro?
Valeuche hoxe o perdido antaño?
A ti mulleriña, desperta á vida! , dalle gusto ó corpo!, baila!, ri! escacha o vidrio e escapa sen mirar atrás”.
Fixéchelo por amor a él, fáino agora por amor a ti!.
Vive a túa vida e que él arramble ca súa!.
Ti non naceches para vivir á sombra de quen te consume egoístamente a cambio de negrura e apatismo .
Desperta xa , mulleriña!
Mano Figueira.
VIVENCIAS (1)
La nieve caía lentamente en ese silencio que
siempre acompaña al maná blanco y al mismo tiempo cambiando la fisonomía de
toda la ciudad. No se veían ya ni los bancos del jardín, todo se confundía, ya
no era posible distinguir entre el asfalto de la calle y la acera de adoquín,
todo era blanco, ni la gente se paraba a respetar el semáforo para cruzar la
calle, pues el tráfico estaba prácticamente detenido. Los pocos peatones que se
atrevían a salir a la calle lo hacían con prisa, para retirarse lo antes
posible a su hogar o a cualquier lugar donde guarecerse de la intemperie.
Era mi primer invierno en Heidelberg, la ciudad de
la cultura, pequeña pero muy acogedora y allí estaba yo, recién llegado, sin
conocer su idioma ni sus costumbres, ni vecinos, nada de nada, todo era nuevo
para mí. Después de varios días nevando y la ciudad paralizada por la
inclemencia, comenzaron las quitanieves a limpiar las aceras, pues hasta aquel
entonces solo limpiaban las grandes avenidas y no daban abasto. Por mi parte,
ni siquiera acertaba a encontrar la tienda de alimentación para hacer la
compra, y el cuarto o quinto día de haber comenzado la nieve llamaron al
timbre, “¿qué hago?” “¿abro a un desconocido a las cinco de la tarde y noche
cerrada?” Después de pensarlo un momento
me decido a abrir y allí estaba la vecina del primero (eso lo supe más tarde).Me
traía agua, pan, limonada y unas salchichas, ni siquiera sabía darle las
gracias cosa que hice en el idioma universal: por señas.
Aquellos meses de invierno me sirvieron para
adaptarme al clima del país, hoy lo pienso y me pregunto cómo fui capaz, con diecinueve
años, de llegar a Alemania, viajar en tren, hacer trasbordos en Paris de unas
estaciones a otras, incluido el metro y nunca me sentí en apuros, con miedo a
perderme o subirme al tren equivocado, ¿será que la juventud es muy atrevida?
Continuará...
Miguel
Alberto,2022