martes, 19 de julio de 2022

YO NO LE TIEMBLO

¿Cómo osa siquiera mentar su nombre ?

¿Qué le da derecho a usarlo de centro de diana para su pusilánime victimismo?

¿Quién es usted en su presente?

¿Por qué no se define de una vez como una mujer de su  edad física y se enfrenta a su vida sin enlodar más la suya?

¿Le faltan agallas ?

Siempre con su talante de Santa sin beatificar,  con su versión de la historia indigna, inmoral y vergonzosa actitud la suya a mis ojos.

Estoy empezando a cansarme (o corrijo), estoy ya muy cansada de verla por ahí subida en esa nube de realeza de pacotilla , quizás y aún a riesgo de que no me lo perdone ,voy a tener que bajarla y mostrarle las cosas desde el prisma del mirador ético y concreto  del lado contrario a su posición.

Quizás, señora , usted haya jugado con la ventaja de tener un as en la manga, pero tan cierto como que la razón flota en un mar de rectificaciones, que un día va a tener que medirse conmigo y yo voy a ir  con las manos desnudas y la mirada serena .

¡Venga usted con sus armas de mujer!, ¡llóreme a mí sus penas! que le responderé con palabras descarnadas que no la dejarán indiferente.

¡Traiga presto  a su esposo! si  es que sola lo hace con miedo, porque ¡yo no le  tiemblo!.

¡Queme el pasado y viva su vida! para evitar así que yo entre como viento huracanado a remover cimientos que mejor están enterrados.

Es un aviso galante hacia su merced , de esta mujer cansada de escuchar la versión cansina de una Dulcinea cuando yo tengo alma de paladín de Quijote.

 Mano Figueira.




UN HOMBRE BUENO

 A ella la vida le enseñó desde bien  joven lo caro que se paga un instante de  felicidad.

 La engañaron y  la dejaron sola con su bebé y se desdobló trabajando para levantar sus vidas y  debiendo sacrificar  todo lo que una mujer soltera de su edad  disponía sin demasiado esfuerzo.

Así que como es más fácil ser mala que estar triste decidió pasarse al otro bando y ser déspota , intransigente , falsa , mentirosa, de baja moral y alta autoestima.

Conoció a un buen chico, lo enamoró , lo idiotizó ,le amarró las muñecas con hilos imperceptibles al público, lo hizo bailar a su ritmo , fue su títere durante dos largos años , en los que llegó a arrastrarlo por el lodo, despojado de su valía, anulada su capacidad de hombre pensante , aniquiló hasta el último ápice de orgullo .

Él que era un chico guapo, buen estudiante y mejor trabajador, con un corazón que no le cabía en el pecho , encariñado con el hijo de ella , aguardaba por las sobras de su cariño como perro fiel, e hizo falta Dios y ayuda para que abriese los ojos .

Ella basó su relación en una máxima de « daña antes de  que te dañen» y no sopesó los daños colaterales o sencillamente disfrutó del poder de tener bajo su yugo  el corazón estrujado y sangrante de un chico escogido para cebarse y vengar su ego y su despecho.

Ayer me enteré de esta historia por un mensaje de voz , una despedida de un chico , mejor dicho, de lo que quedaba de él , en el cual me resumió el dolor, la vergüenza, la crueldad y todos los sueños truncados de su persona.

No llegué a tiempo de salvarlo y hoy estoy aquí en el tanatorio, velando a un chico que era la alegría de mi casa .

Un ser especial que era el alma de mi viejo cuerpo .

Un hombre que nunca dejó de ser a mis ojos , mi niño .

Estoy mirando fijamente la puerta de la sala   porque sé que ella va a hacer su entrada en cualquier momento , la presiento en mis carnes , ella no sabe lo que yo sé.

Quiero ver con mis ojos al demonio cuando se viste de mujer , quiero que se acerque con ojos llorosos a abrazar a la madre de su víctima y quiero depositar un beso en su mejilla , apretarla en un abrazo firme mientras le susurre al oído, que se equivocó al elegir a un hombre bueno , que erró al escoger a uno de mis hijos , maldeciré cada soplo de aliento que salga de su boca y le desearé una larga vida en el infierno que yo le haré pasar .

Ahí está, parece una viuda desconsolada , camina hacia mí saludando a izquierda y derecha como la actriz principal de su teatro particular.

Sus ojos de gata se miden con los míos de un frío glacial , de un animal sin alma , la abrazo y mis labios azulados la obsequian con un beso envenenado , mientras un hombre bueno está siendo velado. 

 Mano Figueira.




viernes, 15 de julio de 2022

ESCALERAS AL CIELO

 Yo llegué al cielo por error . Primero porque no me tocaba tan pronto y segundo porque una quiere una muerte que no haga llorar a la gente de risa, porque es un palo presenciar tu funeral y ver las caras de los enemigos con ese rictus de risa contenida y es que el motivo sea atragantamiento con una galleta ,tiene tela marinera y suerte que no me llamo María, porque ya sería la guinda.

En el purgatorio  un caos , yo en pijama de verano , descalza y con los  pelos de loca temeraria, perdiendo la paciencia por culpa del papeleo, unas colas de vértigo y de ventanilla en ventanilla. Primero la de los pecados ,luego la del motivo del deceso , después la de opiniones de personas que te conocieron y por último la de la nueva dirección, que si para arriba o para abajo .

En esa ventanilla discutí yo con la funcionaria, porque me entregó la del cielo y le juré que había yo realizado toda clase de maldades más que suficientes para tirar escaleras para abajo al calor y los rabos y no veía motivos para subir y ponerme con plumas con todo el rollo de mi alergia ...

Pues ni para eso tuve suerte, me cuñaron el visado y el horario para presentarme a San Pedro .Cuando vi las escaleras me puse a jurar en una de las lenguas muertas y no porque las manejara ,es que yo lo estaba y pues claro, mi gallego provenía de mi lengua en ese momento.

Para distraerme me puse a contar peldaños. En el número setenta y cinco me senté porque me sentía morir, nunca fue lo mío lo de las cuestas arriba. De haberme tocado el infierno , ya estaría como Dios, ¡pero claro, no!, a una asmática hay que robarle el aliento. Me adelantó una abuela vestida de punta en blanco, era de otra raza y hablaba un idioma extraño , pero se ve que por aquellos andurriales la traducción es simultánea porque ella se hinchó a reír cuando le conté lo mío, no obstante, se ve que tenía prisa porque en nada la perdí de vista tras una nube .

También vi a un tío vestido con funda azul ,agarrado al pasamanos con cara de circunstancias y ahí sí que sin que él  abriese la boca deduje que era gallego, porque yo no sabía si subía o bajaba.

Por fin ,con tres años de vida menos por el esfuerzo, llegué al portalón de madera maciza más rococó que te puedas imaginar . Una cuerda con una pequeña campanilla se suspendía en la entrada y deduzco que, como uno llega extenuado, no está para dar golpes , de ahí la sutil campanilla.

Llamé y me abrieron enseguida .

Una sala inmensa de color blanco nuclear completamente vacía de personas o muebles es lo que me encontré y allí me quedé parada , cansada , casi cegada por el impactante color , sin saber qué hacer.

Visto lo antiquísimo de las instalaciones y que no había ascensor a ningún lado me esperé a ver a un abuelo de inmensa barba blanca aparecer por algún lado, cuando de repente y  de la nada un caballero mega atractivo ,un pedazo de pibón , de intensos ojos verdes y cautivadora sonrisa, morenazo de piel , embutido en vaqueros y camisa blanca arremangada, dejando ver unos brazos de gimnasio ,se me presentó como Pedro y ahí yo me callé todo lo que ensayé decir en los kilómetros de peldaños al cielo. Mis quejas más sentidas  sobre  mis esfuerzos consumados para optar  al  infierno se derritieron antes de enfriar , porque si ese hombre era la imagen de lo que me esperaba para la eternidad, estaba dispuesta a aprender a tocar el arpa y saltar de nube en nube por los restos amén.

Me preguntó el nombre y miró en su portátil ( no te lo pierdas) volvió a mirarme y me pidió perdón por las molestias ,me aclaró que  habían tenido problemas con internet y que el sistema erró con mi ficha. Que no me tocaba estar allí , que se habían  confundido en una vocal del primer apellido, que no era mi hora aún...y en un parpadeo estaba yo con la galleta en mano mirando absorta el tazón del cola-cao y jurando en hebreo  pasarme a los cereales.

Mano Figueira




LA FUERZA DE LA VIDA

 

¿A dónde vas golondrina

surcando el azul del Cielo?

de seda son tus alas

vuela, vuela muy lejos

 

llevas luz en tu volar

llevas alegría y llanto

ya no queda más amor

para el que ha amado tanto

 

surca los Cielos por mí

que sigo presa en el charco

sin alas para volar

sin margaritas el campo

 

la celda de mi dolor

me impide ver la llanura

que brota cerca de mí

sin esconder su hermosura.

 

  Paki Espiño, 2022

VIVENCIAS (5)

 

 

 

  La primera vez que embarqué un camión ha sido en Algeciras sobre el año 1976 aproximado, en el transbordador Virgen de África de Transmediterránea, un ferry de unas tres mil toneladas de registro bruto y unos cien metros de eslora.

En cuanto subí a bordo se me acerca un chico marroquí para venderme baratijas ---haciendo honor a su nombre, sin ninguna utilidad- pero él insistía una y otra vez hasta que atracamos en el puerto de Ceuta y desembarqué, creyendo que ya lo había perdido de vista. Sin embargo, a la vuelta volvió a aparecer a bordo intentando ganarse su jornal.

Hay momentos en la vida de una persona que son inolvidables y este viaje ha sido uno de ellos: en cuanto desembarco, me dirijo a la descarga que, según recuerdo, era en el barrio de Hadur o algo así. En el almacén no había elevador, por tanto la gente tuvo que hacer el trabajo a mano, unos seis hombres cantando y trabajando, andaluces y marroquíes, sobre unas seis horas, y el jefe apurándolos pues yo tenía que coger el mismo ferry de vuelta para la península.

 Cuando llego de vuelta al puerto y como tenía un tiempo de espera, aproveché para comprar en las tiendas y adquirí unas ocho o diez calculadoras solares de bolsillo, dos de las cuales nunca funcionaron. Vendí el resto excepto una que  llevé conmigo en el camión durante treinta años sin averiarse. Era de  la marca Sharp,

(que por aquel entonces no se conocía en la península).

La siguiente anécdota sucedió durante el desembarco en Algeciras. Me dice el agente de la guardia civil: súbase a la caja a ver si viene alguien escondido de polizón. Me subo y compruebo que junto a la lona del camión se acurrucaba  el chico que había estado todo el viaje intentando venderme algo, ¡hay gente que tiene difícil ganarse el pan de cada día!

 Años más tarde este problema de la migración se hizo mucho más grave como todos sabemos.

 Pero el dichoso viaje todavía me deparó otra anécdota más. De vuelta en la península me dirijo a cargar vacas bravas a Cazalla de la Sierra para As Pontes en Coruña. Después de haber salido de la finca enfilo camino del norte sin detenerme demasiado por el calor que hacía, y llegando a Mérida me detiene en un control la G. civil y se me requiere la hoja de ruta sanitaria, cuya existencia yo desconocía por completo. Después de varias llamadas y una media hora de discusión, me autorizan a continuar el viaje; estábamos en pleno verano y el ganado no podía estar mucho tiempo en el camión por lo que esa noche debí dormir unas dos o tres horas y vuelta a arrancar.

 Ese segundo día bajando el puerto de Pedrafita do Cebreiro las vacas revientan una puerta y saltan dos a la carretera, ¡menos mal que las otras debieron asustarse y se retiraron hacia el otro extremo de la caja!, y con la ayuda de los vecinos de los alrededores conseguimos que subieran de nuevo al camión.  ¡anécdotas de la vida!

 

  Miguel Alberto,2022

domingo, 10 de julio de 2022

A TÍ

 A ti , zurcefrenillos , 

que te crees que me  chupo el dedo

 y  subestimas  mi  inteligencia en favor de tu marujeo  , tú ,  

con tu porte de cagalindes , 

que no dejas de ser un tragavirotes sin ánimo de cambiar , 

créeme si te digo que para mí eres un baldragas

 que vives  de meter cizaña 

siempre por detrás,

apareciendo por el punto muerto

tirando la piedra

y escondiendo la mano,

sonriendo cara el público

 el cual  ya, por desgracia

 te tiene 

bien aprendido.


Espero que cuando el tiempo me  dé la razón , 

( que ya se acerca)

bajes a purgar tus culpas

 aunque eso ,

ahora mismo 

(ni mañana)

enmiende tu traición.

Mano Figueira





A ROSEIRA

 A roseira do xardín

botou unha rosa branca,

coma o veludo lene,

bonitiña onde as haxa.


Así é que a roseira,

receosa das miradas,

cubriuse de irtos picos

pra que ninguén a danara.


Mais un aciago solpor

arribou nunha surada

que acometeu seu dor,

sen miramentos, a esgalla.



E a lampexante rosiña,

a rosa de pouco nada,

tremente e desvalida

caíu no chan esfollada.


Daquela foi que a roseira

ficou para sempre esgazada.

O inverno aniñóu nela,

tornóu murcha, amoucada.


Xa non houbo primaveras

nin soliño que a quentara.

A roseira do xardín

endexamáis botou nada.



A nai que a un fillo perde

é roseira agostada.


Silvia Figueiras Dovalo