martes, 11 de octubre de 2022

EL SICARIO APARECE TARDE O TEMPRANO, NUNCA FALLA

  Incapaz de suicidarse, y harto de vivir, contactó a través de las profundidades de internet con un sicario al que encargó que lo matara sin dolor y en el momento menos esperado.

 Pagó en bitcoins, siguiendo las instrucciones del asesino a sueldo, y sintió, en el momento mismo de hacerlo, una euforia de la que nunca había gozado.

 Salía a la calle con la expectativa de ser tiroteado, apuñalado, estrangulado. Pedía comidas a domicilio convencido de que el chico de la pizza sacaría una pistola en el momento de cobrarle, daba largos paseos nocturnos por las calles más vacías del extrarradio para facilitar el trabajo a su ejecutor, volvió a fumar sin miedo al cáncer del pulmón. 

Vivía en una excitación continua, siempre a la espera del momento magnífico en el que cesaría el sufrimiento de existir.

Pero los días pasaban sin que ocurriera nada.

 Tomó por su asesina a una mujer que se enamoró (o fingió enamorarse) de él, al fontanero que fue a desatascarle el sumidero de la ducha, al agente comercial que le propuso cambiar de compañía telefónica, al vendedor de seguros que llamó a su puerta.

 Los dedos, como suele decirse, se le hacían huéspedes. En ocasiones, dudaba de seguir vivo: quizá, y de acuerdo con el pacto, le habían proporcionado una muerte tan rápida que ni la había sentido. 

En el metro o en el autobús, se tropezaba adrede con la gente para asegurarse de que aún poseía un cuerpo material.

Al año del encargo, empezó a considerar la posibilidad de haber sido víctima de una estafa: abundaban por lo visto en internet y mucho más en la internet profunda, donde se traficaba con productos e ideas que estaban fuera de la ley.

 La idea le producía vergüenza y miedo, pues había invertido en el crimen los ahorros de toda su vida y se hallaba en la ruina. 

¿Debía acudir a la policía para denunciar el atropello? ¿Había alguna posibilidad de recuperar la inversión? Mientras lo decidía o no, se acercó un día a la sede de su compañía eléctrica para solicitar que le restablecieran el suministro, que le habían cortado por problemas de cobro. 

Entró en casa a media mañana y no volvió a salir. El sicario le esperaba dentro. Al fin se hizo justicia en lo que había gastado.



                                                                          Lino Saborido

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